Tayguary Reyes1; María del Carmen Sánchez1; Carlos Marín1; Yvón Noguera1; Marlyn Arana1;
Luís Alexander Díaz2; Pedro Luís Reyes3

 

Los gasterópodos son el grupo más numeroso de moluscos con alrededor de 40.000 especies descritas. La clasificación tradicional de Gastrópoda propone una clase dividida en tres subclases: Prosobranchia, Opisthobranchia y Pulmonata. Estos últimos tienen respiración pulmonar, es decir presentan un pulmón o cavidad pulmonar (Thiele 1929-1931; Barnes, 1969; Cuezzo, 2009). La subclase Pulmonata presenta diferentes géneros, entre los cuales se encuentran Achatina y Megalobulimus, con las especies Achatina (Lissachatina) fulica (Bowdich, 1882) y Megalobulimus oblongus (Muller, 1774; Duarte de Moraes, 2005).

La especie A. fulica, perteneciente a la familia Achatinidae, es conocida como caracol gigante africano por tener sus orígenes en África Oriental. Este molusco terrestre y tropical es considerado como una especie invasora (Lowe y cols., 2000; Ojasti, 2001). Es considerado como una de las peores plagas por su efecto devastador sobre una amplia gama de cultivos.

Además, tiene un alto riesgo sanitario ya que puede ser vector de organismos dañinos como parásitos, virus y bacterias que ocasionan, en humanos, enfermedades como angiostrongilosis abdominal, meningitis y peritonitis (Ojasti, 2001; Agudo, 2006; Correoso, 2006; Incani y cols., 2007; APHIS-USDA-PPQ, 2007; Betancourt, 2012; U de A, UMMT, PECET y SIU 2012, Weininger y col., 2012).

Adicionalmente produce un desequilibrio en los lugares donde es introducido, porque compite por alimento y espacio con otros caracoles, y puede ser responsable de la extinción de caracoles endémicos o nativos (Simião y Fischer, 2004; Agudo, 2006; Rapp y col., 2006; Correoso, 2006; Matinella y col., 2009).

La especie M. oblongus, perteneciente a la familia Megalobulimidae, es también un molusco terrestre, tropical, y es endémica de América del Sur. En Venezuela es conocida como Guácara, mientras que en otros países se le conoce como Caracol de Boca Rosada y Caracol Gigante de Sur América. (Leme, 1975; Parodiz, 1982; Campos y Coelho, 2003). La guácara es apreciada como alimento en Sur América y su baba es comercializada por supuestas bondades sobre la piel. Además, estos caracoles son usados para curar el asma (Alves y Dias, 2010; Barbosa y Alves, 2010).

El objetivo de este artículo es dar a conocer las características más relevantes de estos dos caracoles que permitan al lector obtener conocimientos básicos para su diferenciación.

 

Distribución

En Venezuela, Martínez y Martínez (1997) reportaron por primera vez la presencia del caracol gigante africano en Caracas en el año 1997. La mayor área afectada se correspondió con la cordillera de la costa, seguida por el sector norte de los llanos y la región insular; consiguiéndose en los estados: Anzoátegui, Aragua, Carabobo, Delta Amacuro, Distrito Capital, Guárico, Miranda, Monagas, Nueva Esparta, Portuguesa, Zulia, Lara y Sucre (Martínez y col., 2008; Díaz, 2009; Matinella y col., 2009).

A partir del año 2012, hubo una gran incidencia de este caracol, apareciendo en estados donde antes no se había observado, tales como Bolívar y Falcón (Comunicación personal Tayguary Reyes y Luís Díaz 2012).

La guácara está presente en nuestro país, principalmente, al norte del Orinoco, en zonas boscosas por debajo de 2.220 m.s.n.m. Igualmente se encontró en los estados Aragua Carabobo, Falcón, Guárico, Mérida, Miranda, Monagas, Táchira y Zulia (Baker 1926, Arias 1952, Arias 1953, Thompson 1957, Sistema Venezolano de Información sobre Diversidad Biológica, 2012a, Ramírez y col., 2012).

 

Características morfológicas de los caracoles terrestres

Los caracoles terrestres están formados por la concha y el cuerpo. Este último constituido por la cabeza, el pie y la masa visceral.

La concha está formada principalmente por carbonato de calcio y sirve para resguardar al cuerpo. En el interior de la concha se encuentra el manto, que es el tegumento que cubre toda la masa visceral. Los caracoles cuando se retraen en su concha, segregan un tipo especial de mucosidad para cubrir la entrada de su caparazón con una estructura llamada opérculo. Esto lo hacen cuando estivan o hibernan (Barnes 1969, Castillejo 2013). Los caracoles presentan una sensibilidad táctil muy elevada y su capacidad para orientarse hacia el alimento es por el olfato (Castillejo 2013).

En la cabeza podemos observar:

  1. La boca, la cual tiene una lengua llamada rádula.
  2. Un par de tentáculos posteriores, llamados tentáculos oculares, en cuyo extremo se encuentran los ojos. Estos son retractables y llegan solamente a distinguir la intensidad luminosa. La vista del caracol es muy reducida (1 cm máximo).
  3. Un par de tentáculos anteriores, de menor tamaño que los oculares y llamados tentáculos táctiles.
  4. Un orificio genital situado por detrás de la base del tentáculo ocular derecho (Castillejo, 2013).

El pie, que se encuentra después de la cabeza, es una masa musculosa que le permite al animal desplazarse. Para ello hace un movimiento con la ampliación y la extracción de músculos dentro del pie y producen mucus para reducir la fricción en la locomoción. Esta mucosidad contribuye a su regulación térmica; reduciendo también el riesgo del caracol ante las heridas y las agresiones externas de bacterias, hongos e insectos (Castillejo, 2013).

El crecimiento de estos animales se caracteriza por un aumento en su masa corporal, paralelo al tamaño de su concha. En condiciones naturales ese es discontinuo, a veces crecen muy rápido, otras muy lento y otras veces su crecimiento se detiene completamente (estivación), dependiendo de las condiciones ambientales. La edad en la que los caracoles maduran varía de una población a otra y dentro de la misma población, dependiendo de la genética y a su ciclo biológico (Castillejo, 2013). En cuanto a su sexualidad son animales hermafroditas (Barnes, 1969; Castillejo, 2013).

 

Características morfológicas del caracol africano y la guácara

Para el caracol gigante africano adulto, la coloración de la concha puede variar según las condiciones ambientales y la dieta, pero por lo general es de color marrón-rojizo con bandas longitudinales asimétricas, irregulares y alternas marrón oscuras y beige.

La coloración gradualmente se torna más clara hacia el ápice de la espira, con el extremo superior de color claro o casi blanco (Robinson, 2004; Sistema Venezolano de Información sobre Diversidad Biológica, 2012a). Por otro lado, los ejemplares muy jóvenes son más traslúcidos, presentándose la concha más redondeada con patrones de coloración como puntos aislados. A medida que crecen, estos puntos se unen formando bandas amarillentas y la coloración de la concha se torna marrón claro brillante (Correoso, 2006; SENASA, 2013) (Figura 1)

Figura 1.Caracol gigante africano.
Fotos: Fidel Ramos

La forma de la concha del adulto es helicoidal, cónica y su ápice puntiagudo (Matinella y col., 2009, Sistema Venezolano de Diversidad Biológica, 2012a) pudiendo llegar a medir hasta 30 cm de largo y 16 de ancho. Generalmente se presentan de siete (7) a nueve (9) vueltas cuando están desarrollados, raras veces hasta 10. La columela (el eje de una concha en espiral), es blanca y truncada (Correoso, 2006; International Union for Conservation of Nature, 2010).

El cuerpo del animal es marrón grisáceo, de aspecto húmedo y gomoso y en ocasiones se puede diferenciar en el lomo una banda longitudinal más clara (Matinella y col., 2009; Méndez 2013). La cabeza tiene dos pares de tentáculos retráctiles, un par superior y uno inferior. En los extremos del par más largo se ubican los ojos mientras que los órganos sensoriales se encuentran en los tentáculos inferiores (Matinella y col., 2009; Méndez 2013) (Figura 2).

Figura 2.Figura 2. Caracol gigante africano adulto.
Foto: Marlyn Arana

Presenta unas glándulas que segregan un moco, comúnmente llamado baba, que tiene funciones lubricantes. Esta baba que segrega facilita el movimiento y sirve para detectar su presencia (Méndez, 2013).

En el caso de la guácara (Figura 3), el animal adulto presenta una concha oval, alargada y unicolor sin bandas. Su coloración puede variar de marrón, canela, crema o rosado; siendo su ápice cónico. La abertura es semi elíptica, más o menos oblicua, con el borde engrosado y de color rosado-salmón. La columela es ancha y lisa; a menudo de color rosado (Olazarri, 1987; Skelley y col., 2010; Guacara, 2011; Guacara, 2012).

En una vista frontal, la longitud de la concha de los adultos, puede alcanzar desde siete (7) hasta 11 cm y su ancho varía desde cuatro (4) hasta seis (6) cm (Baker, 1926; Deisler y Stange, 1982; Olazarri, 1987; Guacara, 2012) con cinco (5) a 6,5 vueltas del espiral. La segunda espiral tiene una protuberancia característica (Baker, 1926; Deisler y Stange, 1982).

El cuerpo es robusto de color azulado o gris, con parches color marrón y de textura gelatinosa. La cabeza tiene dos pares de tentáculos retráctiles; en los extremos del par más largo se ubican los ojos mientras que los órganos sensoriales se encuentran en los tentáculos inferiores. Produce menos baba que A. fulica Los jóvenes son más traslúcidos que los adultos (Figura 3). Alrededor de la boca presentan barbelos (lóbulos), el pie es de color crema (Sistema Venezolano de Información sobre Diversidad Biológica 2012b).

Figura 3. Guácara adulta.
Foto: Tayguary Reyes

 

Reproducción y ciclo de vida del caracol africano y la guácara

Tanto la guácara como el caracol gigante africano son gasterópodos pulmonados, por lo que tienen un sistema reproductor hermafrodita, tal como lo señala Barnes (1969); esto quiere decir que un mismo individuo posee los dos sexos y puede actuar como macho o como hembra. La edad de la madurez sexual depende de la humedad, temperatura, luz ambiental y época de nacimiento (Cuellar, 1986; Méndez, 2013).

En el caso del caracol gigante africano, si no ha ocurrido retraso por estivación, están reproductivamente aptos a partir de los cinco (5) meses de edad (Pawson y Chase, 1984; Cuellar 1986; Suchart y col., 1988.) y pueden vivir hasta nueve años aunque el promedio es de tres (3) a cinco (5) años (Tomiyama, 1993; USDA-APHIS-PPQ, 2007); mientras que la guácara es reproductivamente apta a partir de los dos (2) años y puede vivir hasta 14 años (Sistema Venezolano de Información sobre Diversidad Biológica, 2012b).

El caracol gigante africano tiene dos criterios para la selección del compañero, que son la etapa reproductiva y el tamaño corporal; siendo la etapa reproductiva más significativa en la elección de la pareja que el tamaño corporal (Tomiyama, 1996).

Frecuentemente el cortejo comienza al anochecer, cuando dos caracoles maduros sexualmente y de similar tamaño se encuentran. La cópula es generalmente reciproca, durando hasta varias horas. Esta copulación reciproca es necesaria para producir huevos viables. Los primeros huevos los colocan de ocho (8) a 30 días después del apareamiento (Tomiyama, 1994; Raut y Barker, 2002; USDA-APHIS-PPQ, 2007; Ugwu y col., 2011; SENASA, 2013).

Para la guácara el cortejo comienza temprano y el apareamiento ocurre aproximadamente entre 9 y 10 de la mañana (Comunicación personal Mirna Valor, Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios, Maracay, Venezuela) (Figura 4).

Figura 4. Cortejo de guácara.Figura 4. Cortejo de guácara.
Foto: Mirna Valor

La frecuencia de la oviposición depende de las condiciones climáticas favorables; siendo quizás la duración y frecuencia del período de lluvias o sequía la que pudiera impedir o retrasar el apareamiento y la reproducción (Deisler y Stange 1982, Raut y Baker 2002). Cada individuo de A. fulica puede colocar hasta 400 huevos por postura, pudiendo realizar hasta cinco posturas por año (Tomiyama, 1994; Tomiyama, 1996; Oliveira y Paschoal, 2007; Carvalho y Nunes, 2009). Los huevos eclosionan de seis (6) a 20 días después de la ovoposición (Suchart y col., 1988; Tomiyama, 1994, Tomiyama, 1996; USDA-APHIS-PPQ, 2007).

Los huevos, de 5 a 5,5 mm de largo y 3 a 4,5 mm de ancho, son elipsoidales, blancos o amarillentos, con una cáscara delgada y quebradiza que se endurece progresivamente (Suchart y col., 1988; Tomiyama, 1993; Méndez, 2013). Al eclosionar, los juveniles comen las cáscaras de sus huevos y se mantienen cerca unos de otros. Posteriormente se desplazan poco a poco hacia la fuente de alimentos (Raut y Baker 2002; USDA-APHIS-PPQ, 2007) (Figura 5).

Figura 5. Huevos de caracol gigante africano.Figura 5. Huevos de caracol gigante africano.
Foto: Tayguary Reyes

En el caso de la guácara, los huevos son colocados 16 a 18 días luego de la cópula y eclosionan en tres (3) o cuatro (4) semanas. Éstos son blancos, ovalados, largos y calcáreos, pudiendo tener 20-30 mm de largo y 16-17 mm de ancho. Cada individuo coloca dos huevos por postura varias veces al año. A continuación los huevos eclosionan y nacen los juveniles que son similares a los adultos (Deisler y Stange, 1982; Olazarri, 1987; Laramg, 2012; http://www.petsnails.co.uk/species/megalobulimus-oblongus.html#start 2013). En la figura 6 se muestran las diferencias entre los huevos de M. oblongus y A. fulica.

Figura 6. Huevos de M. oblongus (a) y A. fulica (b)Figura 6. Huevos de M. oblongus (a) y A. fulica (b)
Foto: Universidad de Antioquia, Colombia. Consultado 03 diciembre 2013.
Disponible en http://issuu.com/comunicaciones.pecet/docs/achatina_vs_megalobulimus__2_febrero

Hábitat y Comportamiento del caracol africano y la guácara

El caracol gigante africano, vive en ambientes húmedos y de vegetación abundante. Es un caracol de hábitos nocturnos, siendo más activo al comienzo de la tarde hasta las primeras horas de la mañana, encontrándose de reposo durante el día, momento en el cual busca refugiarse en el suelo, sitios húmedos y sombríos, debajo de piedras, bloques, restos de cosechas, arbustos y hojas secas en descomposición, en montones de humus y en áreas protegidas con densa vegetación (Raut y Ghose, 1984; Thome y col., 2001; Raut y Barker, 2002; Albuquerque y col., 2008).

Es muy frecuente observarlos en época de lluvia. Pero cuando las condiciones ambientales le son desfavorables, como poca humedad del aire y altas temperaturas, el caracol puede estivar para evitar la deshidratación. La estivación la realiza por encima del suelo o enterrándose, pudiendo de esa manera permanecer inactivos hasta por un año (Raut y Baker, 2002; USDA-APHIS-PPQ 2007).

Se ha notado gran tendencia del caracol africano a prosperar en presencia del ser humano, lo que se asocia a la disponibilidad de restos orgánicos, abundancia de cemento y sitios donde refugiarse (USDA-APHIS-PPQ 2007; Betancourt 2012).

La alimentación del caracol africano, puede variar dependiendo de la composición de la comunidad vegetal, su calidad y cantidad (Waterhouse y Noris, 1987; Raut y Baker, 2002) y adicionalmente la duración y frecuencia del período de lluvias o sequía, influyen en su alimentación, la cual pudiera verse impedida o retrasada (Tomiyama, 1994; Tomiyama; 1996).

Este caracol está considerado como generalista y voraz, pudiendo consumir hasta más de 500 tipos de plantas, por lo que se torna en plaga de muchos cultivos. Además puede alimentarse de papel, basura, alimento concentrado para animales domésticos, excrementos y pintura de pared. Adicionalmente compite por los recursos y consume los huevos y crías de la guácara; debido a esto pueden disminuir las poblaciones de esta última (Vinci y col., 1988; Coelho, 2005, Rapp y col., 2006; Albuquerque y col., 2008; Matinella y col., 2010; Betancourt, 2012).

La guácara también se encuentra en ambientes húmedos y con abundante vegetación, preferiblemente en bosques siempre verdes; hallándose además en jardines, hojas en descomposición y cerca de viviendas, donde puede verse subida en árboles y taludes (Bequaert, 1948; Olazarri, 1987; Sistema Venezolano de Información sobre Diversidad Biológica, 2012b). Posee hábitos nocturnos y se oculta en el suelo, en áreas protegidas durante épocas secas o durante el día para mantener la humedad.

En la época seca se entierra en el suelo, hasta 10 cm de profundidad para estivar, evitando con este comportamiento una pérdida excesiva de agua (Baker, 1926; Bequaert, 1948; Sistema Venezolano de Información sobre Diversidad Biológica, 2012b). Se alimenta de algas y vegetales, como diente de león y llantén (Laramg, 2012; Sistema Venezolano de Información sobre Diversidad Biológica, 2012b); pudiendo volverse plaga al alimentarse de plantas de hojas tiernas y de frutas como las fresas (Olazarri, 1987; Kowaleski y col., 2006).

No obstante, también se han visto alimentarse de plántulas de granada así como también de hojas maduras de parchita, pero prefiere plantas frescas y tiernas. En el campo, si por alguna circunstancia la concha es cortada o golpeada, con machete o escardilla y si la herida no es profunda la concha se regenera, quedando en el lugar dañado una cicatriz (Comunicación personal Mirna Valor, Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios, Maracay, Venezuela) (Figura 7).

Figura 7. Guácara con cicatriz.Figura 7. Guácara con cicatriz.
Foto: Mirna Valor

 

Aspectos legales

Venezuela desde el punto de vista de las leyes ambientales cuenta, hasta el presente, con logros importantes como la Ley Orgánica del Ambiente (Venezuela 1976a), la creación del Ministerio del Ambiente (Venezuela 1976b) y la reciente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (Venezuela 2000), que en sus artículos 127, 128, 129 consagra los principios de conservación y ordenamiento ambiental de sus recursos así como la evaluación y mitigación de impactos ambientales.

Para el caracol africano, nuestro país no cuenta con un documento específico que regule su introducción y manejo. Sin embargo, existen reglas que dictan lineamientos para el control y manejo de las especies exóticas, tales como las Normas para Regular la Introducción y Propagación de Especies Exóticas de la Flora y Fauna Silvestres y Acuáticas, Decreto 2.223 (Venezuela 1992),

La guácara tampoco cuenta con una legislación específica. No obstante, toda especie de la fauna silvestre se encuentra protegida por la Ley de Protección a la Fauna Silvestre (Venezuela 1970) y su reglamento (Venezuela 1999), por la Ley de Gestión de la Diversidad Biológica (Venezuela 2008) y por la Estrategia Nacional para la Conservación de la Diversidad Biológica (Ministerio del Poder Popular para el Ambiente 2010).

Adicionalmente a nivel internacional, Venezuela tiene suscrito el Convenio sobre la Diversidad Biológica (Venezuela 1994); el cual tiene por objetivos la conservación de la biodiversidad, el uso sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.

Este convenio inclusive enfatiza la identificación, monitoreo y control de las especies exóticas, el intercambio internacional de información correspondiente y también ofrece orientación y herramientas para facilitar estas tareas. Aunado a esto considera la educación y concientización pública; evaluando al mismo tiempo los impactos y la reducción al mínimo de las consecuencias adversas.

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