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Ing. Jorge A. Borges D.
Dentro de la alimentación animal, es muy común enfocarse principalmente en los aportes nutricionales y la relación beneficio-costo de las diferentes opciones de alimentos que disponemos, prestándole menor atención a otros aspectos como la elaboración, almacenamiento e inocuidad de los mismos; este último aspecto se considera desde hace tiempo como un punto de suma importancia tanto en Europa como en América del Norte, donde organizaciones gubernamentales supervisan y norman de manera estricta la calidad e inocuidad de los alimentos que se destinan a la producción de animales de interés zootécnico . En este contexto, la influencia de los hongos toxicogénicos en la calidad de los alimentos, es de suma relevancia.
Dentro de estas normativas se encuentra la referida a la calidad micológica de las materias primas y alimentos manufacturados, así como la actividad micotoxigénica (generación de toxinas) de las especies fúngicas encontradas. La calidad micológica, se refiere a la cantidad de inóculo fúngico, de naturaleza patógena presente en la materia prima vegetal y/o saprófita en los alimentos ya elaborados, la cual se expresa, de forma cualitativa y cuantitativa, en unidades formadoras de colonias/gramo de alimento (UFC/g).
La relevancia de la calidad micológica de los alimentos en las regiones antes mencionadas ha llamado la atención de los organismos competentes en América Latina, incluyendo las empresas privadas involucradas con la nutrición y salud animal, las cuales han iniciado labores de monitoreo sobre este aspecto.
A finales del 2015, el Dr. Camilo Beck (Alltech Latinoamérica), presentó un balance sobre el manejo de micotoxinas en países suramericanos: “Existen más de 500 micotoxinas catalogadas y cada una representa una toxicidad que puede generar síntomas diferentes en los animales. Un solo hongo puede producir varias micotoxinas y es común encontrar diferentes tipos de ellas en una misma ración de alimento, especialmente cuando está compuesta por varios tipos de materias primas”.
En una evaluación de riesgo (Alltech Latinoamérica) encontraron que de 115 muestras de raciones mezcladas totales, el 3% resultó positiva para Aflatoxina B1 y 20% para Aflatoxinas totales, cuantificándose también la presencia de Ocratoxina (22%), Tricotecenos A y B (9% y 63%), Ácido fusárico (69%), Fumonisinas (59%), Zearalenona (12%), entre otras micotoxinas de relevancia dentro de la producción animal.
En un principio se creía, que estos problemas se restringían a países cuyo régimen estacionario condicionaba los sistemas de producción animal y éstos a la producción de alimentos. Hoy día es evidente que países tropicales como Venezuela no escapan de esta realidad. La disminución de las precipitaciones en nuestro país, sumado al aumento en la demanda de fuentes alimenticias para los sistemas pecuarios, ha promovido, por parte de los productores, la búsqueda, en ocasiones a un elevado costo, de fuentes que suplan los requerimientos diarios de sus animales para mantener los niveles productivos.
La premura o desesperación de esta acción ha llevado a un inadecuado manejo de estas fuentes de alimento, en lo que respecta al suministro y almacenamiento, derivando en la aparición de focos de contaminación fúngica que comprometen la calidad e inocuidad de los mismos y en consecuencia, viene el desencadenamiento de una serie de patologías en los animales, muchas veces confundidas con aquellas descritas para otros trastornos de la salud y bienestar.
La micotoxicosis -conocida como la respuesta tóxica posterior a la ingestión de micotoxinas- posee una manifestación sintomática variable, ya que depende del órgano afectado, tipo y cantidad de toxina ingerida. En los animales afectados puede ocasionar, lesiones cutáneas y/o efectos nefrotóxicos, hepatotóxicos, neurotóxicos, genotóxicos, entre otros, así como la alteración de parámetros productivos como el consumo de alimentos, ganancia de peso y conversión alimenticia.
Los rumiantes son generalmente más resistentes a la mayoría de las Micotoxinas, explicado por la acción desintoxicante que ejercen los microorganismos ruminales sobre los substratos, los cuales son degradados rápidamente en compuestos con diferentes estructura química, que presentan menor o mayor toxicidad que la micotoxina original.
En el mundo se han descrito tres importantes géneros fúngicos que poseen la capacidad de producir una amplia gama de micotoxinas (Carrillo, 2003; Gallo y cols; 2015) (Cuadro 1). A partir de la colonización de estos hongos en los alimentos, se considera que los elementos básicos que estimulan el desarrollo de micotoxinas son: la humedad, el oxígeno, el tiempo, la temperatura y un sustrato o medio favorable donde desarrollarse.
CUADRO 1. PRINCIPALES GÉNEROS FÚNGICOS |
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|---|---|---|
Aspergillus spp. | Fusarium spp. | Penicillium spp. |
Aflatoxinas (B1, B2, G1, G2); Ácidos ciclopiazónico y β-nitropropiónico; Fumitremógenos; Gliotoxina; Ocratoxina A. | Fumonisinas (A, AK, B1, B2, B3, B4, C, P); Moniliformina; Tricotecenos A (diacetoxyscirpenol DAS, T-2, HT-2) y B (desoxinivalenol); Zearalenona. | Ocratoxina A; Patulina; Citrinina; Ácido penicílico y ciclopiazónico. |
Diagnóstico de hongos potencialmente toxigénicos en el estado Yaracuy
A partir del año 2007 se dieron los primeros pasos en cuanto al diagnóstico de esta problemática en rumiantes en el estado Yaracuy. Se asociaron las condiciones de manejo de los alimentos con la presencia de hongos contaminantes; para tal fin se realizaron inspecciones detalladas a las fuentes de alimentos para rumiantes elaboradas y/o almacenadas en las unidades de producción, tomándose muestras en los casos donde se evidenciaran signos de presencia fúngica, las cuales fueron procesadas mediante análisis micológicos convencionales en los laboratorios de Fitopatología y Recursos Forraje ros del Instituto Naciional de Investigaciones Agrícolas (INIA) Yaracuy para su identificación.
Durante un período de cuatro años (2007-2010), se encontró un importante porcentaje de casos de alimentos, materias primas y subproductos agroindustriales contaminados, que estaban siendo empleados para la complementación nutricional de los rebaños, alegándose el desconocimiento por parte de los productores y trabajadores de las fincas. La frecuencia de géneros fúngicos potencialmente toxigénicos fue de 31,25% para Aspergillus spp., 25% para Fusarium spp; 25% para Rhizopus spp. y 18,75% para Penicillium spp. (Borges y cols; 2010).
Más reciente, en el período 2014-2016, se indagó con detalle tanto la ocurrencia de contaminaciones fúngicas como los factores asociados a las mismas, en diversas fuentes de alimentos empleadas en fincas ubicadas en el Valle de Aroa, estado Yaracuy. Para este período, las especies de hongos con mayor participación contaminante fueron Aspergillus spp. (75%) (Figura 1), seguidos por Rhizopus spp. (Figura 2), Fusarium spp. (Figura 3) y Penicillium spp. (Figura 4). Cabe destacar que las tres especies de Aspergillus detectadas (A. flavus, A. niger, A. fumigatus), son consideradas productoras de varias toxinas.
Por otra parte, los frutos forrajeros almacenados para ser empleados como componentes en las raciones (samán, caro-caro, coco y palma aceitera) fueron más vulnerables a la contaminación (Figuras 5 y 6), seguido por los subproductos de origen agroindustrial (pulpa de cítricos) y los silajes mixtos (Figuras 7, 8 y 9).

Figura 1.- Estructuras reproductivas de Aspergillus fumigatus. microscopio 40X

Figura 2.- Estructuras reproductivas de Rhizopus sp. microscopio 40X

Figura 3.- Estructuras reproductivas de Fusarium spp. microscopio 40X

Figura 4.- Estructuras reproductivas de Penicillium sp. microscopio 40X

Figura 5.- Contaminación por Aspergillus flavus en frutos de Caro-caro
Figura 6.- Contaminación por Aspergillus flavus en forraje verde hidropónico de maíz.
Figura 7.- Pulpa y cascara de naranja con signos de contaminación por Aspergillus niger.

Figura 8.- Colonias blanquecinas de Aspergillus fumigatus en el interior de rollos de heno almacenados al aire libre.
Figura 9.- Moho grisáceo correspondiente a Rhizopus stolonifer formando capas en pilas de subproducto de cebada.
El Gráfico 1 muestra las fuentes de alimentos para los rumiantes que pueden contaminarse con especies fúngicas con potencial toxigénico y en el Gráfico 2 se señalan las especies de hongos patógenos que se encuentran con mayor frecuencia en los alimentos destinados al consumo de rumiantes.
Gráfico 1. Especies fúngicas con potencial toxigénico encontradas en fuentes de alimentos para rumiantes.
Periodo 2014 – 2016. (Valores expresados en %)
Gráfico 2. Fuentes de alimentos para rumiantes mayormente afectadas por especies fúngicas.
Periodo 2014 – 2016. (Valores expresados en %).
La incidencia de estos hongos de acuerdo a la época del año se presenta en el Gráfico N° 3. Aquí se observa un mayor porcentaje de especies presentes durante la época seca, siendo en este caso A. flavus la especie predominante seguida por A. fumigatus; mientras que durante la época lluviosa predominaron A. flavus y A. niger. Es de resaltar que los géneros Fusarium spp y Penicillium spp sólo aparecieron durante la sequía.
Gráfico 3. Ocurrencia de especies fúngicas con potencial toxigénico en fuentes de alimentos
para rumiantes de acuerdo a la época.
Periodo 2014 – 2016. (Valores expresados en %).
De acuerdo a estos hallazgos, se ha vuelto común encontrar focos de contaminación fúngica en los recursos alimenticios empleados para la complementación de los rumiantes, independientemente de la época del año, con especial énfasis en aquellas donde las labores de elaboración, almacenamiento y suministro no se realizan de forma adecuada a la naturaleza del producto, permitiendo el contacto constante con el medio ambiente y los microorganismos aerobios presentes en el suelo, agua y aire.
Riesgos de la contaminación fúngica en los alimentos y forrajes
Como se mencionó anteriormente, los estudios sobre estas especies fúngicas y su efecto toxigénico sobre los animales bajo manejo zootécnico han venido siendo estudiados con particular interés en países con amplio desarrollo tecnológico. Se han estandarizado metodologías para la detección de toxinas, se han descubierto una amplia gama de efectos negativos en la salud de los animales y sus niveles productivos, así como también en la salud humana; la creación de métodos y agentes para la degradación y/o secuestro de éstas toxinas en los recursos forrajeros, el estudio de nuevos agentes fungistáticos y la implementación de nuevas prácticas de manejo y almacenamiento de los alimentos, forman parte del abanico de investigaciones direccionadas a mitigar los efectos de esta silente amenaza, que ya están siendo incorporadas en los sistemas de producción animal latinoamericanos.
Sin embargo, existe el riesgo latente de que la ingesta de estos hongos, a través de alimentos contaminados, pueda causar trastornos tanto en la salud como en los niveles productivos del rebaño, ya sea producto de la intoxicación por micotoxinas o por la instauración de micosis sistémicas o aisladas. Para ilustrar estos aspectos se presenta un resumen de las mismas en el Cuadro 2.
CUADRO 2. COMPILACIÓN DE LOS EFECTOS CAUSADOS POR LOS HONGOS TOXIGÉNICOS SOBRE LOS REBAÑOS DE ESPECIES RUMIANTES (BOVINOS, OVINOS Y CAPRINOS) |
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|---|---|
PATOLOGÍA | EFECTOS Y/O LESIONES REPORTADAS SOBRE LOS RUMIANTES |
Micotoxicosis | Hepatotóxicos, nefrotóxicos, neurotóxicos, teratogénicos, inmunosupresión, síndrome hemorrágico intestinal, disminución del consumo voluntario de alimentos por acción emética, descenso del peso vivo y del índice de conversión, reducción en la fermentación ruminal, digestión y producción de ácidos grasos volátiles, perturbación del ciclo de ovulación y manifestación del celo, hiperestrogenismo, edematización e hiperemia de los genitales, eczema facial, otros. |
Micosis sistémicas | Aspergilosis gastrointestinal, miconeumonías, abortos de etiología micótica. |
Micosis aisladas | Mastitis aspergilar |
¿Cómo prevenir la contaminación fúngica de los recursos forrajeros?
La prevención está ligada principalmente al manejo de toda fuente forrajera que se produzca o ingrese a la finca, por lo tanto es importante conocer sus características de origen, manufactura y almacenamiento para así incorporar las prácticas de manejo adecuadas al caso.
Uno de los factores más influyentes para que se dé o no la contaminación es el almacenamiento. Es común encontrar en las fincas, subproductos de origen agroindustrial apilados en los potreros o en espacios cercanos a los corrales, expuestos plenamente a las condiciones ambientales; otro caso corresponde al almacenamiento de alimentos concentrados en galpones con alta humedad y baja aireación, lo que garantiza su contaminación.
Por tales razones, la prevención es crucial durante la fase de almacenamiento y conocer la naturaleza del recurso forrajero a emplear es el punto de partida. En el Cuadro 3 se presentan algunas alternativas viables para el almacenamiento adecuado de varios recursos forrajeros disponibles en el país.
CUADRO 3. ALTERNATIVAS PARA EL ALMACENAMIENTO ADECUADO DE RECURSOS ALIMENTICIOS PARA RUMIANTES |
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|---|---|
RECURSO | RECOMENDACIONES PARA SU ALMACENAMIENTO |
Alimentos concentrados y harinas vegetales. | En sacos de baja porosidad o pipas plásticas de cerrado hermético. Cuartos o galpones ventilados, libres de focos de humedad. |
Forrajes repicados. | Preferiblemente ensilarlos en envases plásticos de cerrado hermético. |
Frutos forrajeros | Ensilajes salinos (1%) en envases plásticos de cerrado hermético. Repicados y ensilados conjuntamente con forrajes (10-20% de inclusión en silajes mixtos). |
Subproductos agroindustriales de alta humedad | En pilas bajo sombra con volteado diario para favorecer la pérdida de humedad y evitar la formación de colonias fúngicas superficiales. En el caso de la pulpa de cítricos, se puede adicionar urea o sal (1%) o ensilarse con estos aditivos en pilas tapadas con polietileno o en pipas plásticas de cerrado hermético. |
Subproductos agroindus- triales de baja humedad | En sacos de baja porosidad o pipas plásticas de cerrado hermético. Cuartos o galpones ventilados, libres de focos de humedad. No exceder el almacenamiento por más de 1 mes, ya que los aceites contenidos en estos materiales se rancifican. |
Granos y cereales | En sacos de moderada porosidad para facilitar el flujo de aire, asegurar que la humedad de los mismos sea menor al 12%. Cuartos o galpones ventilados, libres de focos de humedad, insectos y roedores. |
Pacas o rollos de heno. | Apiladas en galpones ventilados, protegidas de la lluvia, insectos, aves y roedores. |
Restos de cosecha | Preferiblemente ensilarlos con adición de urea (1%) y melaza en envases plásticos de cerrado hermético. |
Conjuntamente a estas prácticas se recomienda también:
- Limpieza periódica de los comederos,
- Sanitización de los implementos utilizados y sitios destinados al almacenamiento; No devolver a la masa forrajera el material sobrante en los comederos
- Minimizar los tiempos de exposición aeróbica de los recursos durante la fase de sustracción y servido.
“Las prácticas de prevención constituyen la manera más eficaz de disminuir el riesgo que representa la contaminación fúngica de los recursos alimenticios para los rebaños, permitiendo no solo tener animales saludables y productivos, sino también obtener productos inocuos para la alimentación humana.”
Laboratorio de Recursos Forrajeros. Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas, CIAE Yaracuy.
jo.alejandro@gmail.com. Tlf.: +58 412 154 46 86













